sábado, 17 de enero de 2015

La enseñanza de inglés en las aulas españolas: motivación y recompensas



La entrada de hoy es distinta a las habituales, porque no trata de la traducción, sino del modelo de enseñanza/aprendizaje del inglés en las aulas españolas, un aspecto que para nosotros no parece haber supuesto un problema (hemos acabado siendo traductores), pero que a muchos ha dejado por el camino, cabizbajos y con un nivel de inglés inaceptable después de tantos años de estudio.

No somos pocos quienes no estamos de acuerdo con cómo se suele enseñar (salvo excepciones) esta lengua en los colegios e institutos, puesto que se basa en su mayoría en ejercicios tipo fill the gaps, listenings enlatados e interacciones cuyo contenido no parece diferenciarse entre sexto de primaria y segundo de bachillerato (I am... I like...). El resultado, en general, son alumnos desmotivados que ven el inglés como un tostón y una asignatura más que hay que aprobar. Algunos nos dimos cuenta, gracias a profesores maravillosos que destacaban entre los demás y a nuestra propia inquietud (entender las letras de las canciones, las películas, etc.) de que el inglés era mucho más que el verbo To be. Sin embargo, no todos tuvieron esta suerte ni sintieron esa inquietud y acabaron rechazando esta lengua con un nivel pésimo. Pero el tipo de ejercicios y libros de texto no lo es todo; hay otro factor muy importante en la desmotivación del alumno del que voy a hablar en esta entrada: el método premio-castigo.

Para poneros en contexto, estoy haciendo un curso en el que se habla de teorías del aprendizaje como el innatismo de Chomsky, que piensa que la capacidad del lenguaje está genéticamente determinada, y el conductismo de Skinner, que opina que el aprendizaje funciona premiando al alumno que acierta y castigando (o no premiando) al que comete errores. Después de leer a fondo sobre el tema, me planteo la pertinencia del método premio-castigo en las aulas, un planteamiento muy antiguo que nunca se ha puesto en entredicho, como demuestra el empleo de las notas numéricas en los exámenes desde hace muchísimos años, sin quizá plantearse el efecto que estas pueden tener sobre el aprendiz.
 

Si un alumno de una segunda lengua (inglés) hace bien lo que se le pide, se le reforzará a través de una buena nota que, a su vez, posiblemente le hará sentirse motivado y con ganas de seguir aprendiendo y superándose a sí mismo. Por el contrario, si se equivoca o erra en su planteamiento, se le penalizará con una nota más baja y muy probablemente, con una llamada de atención por parte del profesor. Esta teoría plantea, desde mi punto de vista, un problema fundamental: castigar al alumno por equivocarse influye directamente sobre otro factor determinante del aprendizaje: la motivación. Si un alumno que empieza a aprender una nueva lengua recibe varios castigos en forma de nota o de ausencia de recompensa, su nivel de motivación descenderá hasta el punto de pensar que no vale suficiente para ello y, quizá, abandone el proceso de aprendizaje.

Por ello, quizá sería necesario aplicar ciertos matices al método de Skinner en el que se premiara a quien consiguiera los resultados mediante un estímulo positivo pero NO se castigara a quien no lo consiguiera. De esta forma, el alumno que se equivoque verá en los demás la recompensa tan gratificante que puede llegar a obtener si alcanza la meta marcada, pero no se sentirá tan frustrado como para sentirse inútil. Teniendo en cuenta que la no consecución de un objetivo marcado por el profesor puede estar relacionada con factores psicológicos, como la falta de autoestima o la ansiedad, o sociales, como una mala reacción del profesor ante los fallos, es esencial que el alumno no note animadversión hacia él cuando comete unos errores que, por otra parte, es necesario cometer para avanzar en el proceso del aprendizaje. ¿Qué opináis vosotros?
 

2 comentarios:

  1. Hola, Merche. Me parece una verdad tan de cajón, que llevo años planteándome la cuestión de cómo algo tan tremendamente sencillo no se lleva a cabo. Y, como bien demuestras, no hace falta ser el mejor pedagogo del universo para darse cuenta del gran error que supone el castigo y desmotivación en el aprendizaje de una lengua. Buenísima entrada.

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  2. Hola, Merche. El tema recompensa-castigo con el aprendizaje de las lenguas es cierto que es bastante peliagudo. Yo trabajo de profesora de inglés en una academia. Nunca había creído en las academias antes para ser sincera, pero en mi caso trabajo con 4 alumnos por clase, todo un chollo. La interacción con ellos es brutal y se nota mucho la diferencia en cuanto a las necesidades y motivaciones de un niño, un adolescente o un adulto. Mientras que la mayoría de los adultos quieren aprender de sus errores (que los corrijas hasta en la más mínima coma) y eso suele motivarles, es cierto que con los alumnos más jóvenes se vuelve más difícil mantenerlos motivados. Por otro lado, en ocasiones es muy difícil calificar alguna expresión o el uso de algún tiempo verbal como erróneo al 100% cuando un idioma es algo vivo y en estos casos no les digo "eso está mal", trato de explicarles que una cosa es lo que dice la gramática, por ejemplo, y otra el uso que se hace de la expresión o el tiempo verbal en sí en el día a día de un hablante. Al igual que una cosa es "aprobar un examen" y otra distinta "aprender un idioma". De este modo parece que adoptan una posición menos rígida y entienden que la mayoría de veces no se trata de memorizar "2+2=4".
    No sé si he explicado bien lo que quería decir, es sábado por la tarde y la neurona ya patina un poco XD
    ¡Un saludo!

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