domingo, 8 de marzo de 2015

Mi odisea hasta llegar a ser traductora

Hoy echo la vista ocho años atrás para recordar el esfuerzo que cuesta lo que realmente ansías, la importancia de tener un objetivo definido y la recompensa de la que podrás disfrutar si no te rindes. 

Cuando llega el momento de decidir qué carrera estudiar, no parece haber mayor misterio que elegir por orden de prioridad dónde y qué estudios queremos cursar. Sin embargo, cuando la facultad a la que quieres acceder tiene prueba de acceso, la cosa se complica; de repente, entra en juego una posibilidad que no te imaginas: no aprobar. En mi caso, tuve que enfrentarme hasta en tres ocasiones a la prueba de acceso de la Facultad de Traducción y Documentación de Salamanca hasta que conseguí mi objetivo. 

Cuando suspendí la primera vez, me planteé pasar un año sabático preparando la prueba y aprendiendo otros idiomas, pero pronto descarté la idea al darme cuenta de que ni iba a tener esa constancia, ni me podía permitir "perder comba" de esa forma. No era el camino. Al final, después de descartar mis otras opciones (Periodismo, Turismo o Psicología), decidí matricularme en Filología Inglesa, siempre teniendo en mente que el plan era "hacer tiempo" hasta conseguir entrar en Traducción. Además, tanto Traducción como Filología compartían ubicación, la maravillosa Plaza de Anaya, por lo que se me ocurrió que podría cursar créditos de libre elección de asignaturas de TeI mientras estaba en Filología. 

Pese a mi descontento inicial, allí conocí a los que hoy son buenos amigos y adquirí conocimientos que, por el plan de estudios (échale un ojo a la entrada "¿Filología o Traducción?"), no podría haber aprendido de forma tan extensa en TeI (literatura [inglesa y también alemana, mi segunda lengua allí], fonética y fonología, dialectología, lingüística, etc.). Bastantes compañeros tampoco habían aprobado la prueba de acceso y muchos no volvieron a intentarlo (quizá por el orgullo herido o, sencillamente, porque sus preferencias cambiaron).

Después del primer curso (2007-2008), pensé que de ninguna manera volvería a suspender la prueba después de tener un añazo en Filología a mis espaldas. No me había preparado de ninguna forma pensando que con lo que había aprendiendo sería suficiente, pero, para mi sorpresa, desmotivación y descontento, no fue así. NO APTA de nuevo. La rabia se convirtió en determinación y pasar aquella prueba maldita pasó a colocarse en el primer puesto de mi lista de retos personales (no académicos). Empecé a informarme de dónde podría prepararme y, en uno de los centros donde acudí, me ocurrió algo insólito: tras explicar lo que buscaba, se rieron en mi cara argumentando que "ahí es muy difícil entrar, solo los que tienen padres nativos tienen posibilidades, ni te molestes en intentarlo". Otro obstáculo más el camino, más leña que alimentó mi fuego

Finalmente, y aconsejada por un gran profesor que notó que no me iba a dar por vencida, acudí a una academia donde me dijeron que, si bien medio año no era suficiente para preparar el examen, estarían encantados de ayudarme a intentarlo. Asistí entre dos y tres veces por semana a clases individualizadas hasta que llegó la hora de la verdad. 

22/6/2009, 12:52, salida del examen

Como veis, tengo hasta testimonio gráfico. Mi madre estaba tan segura de que iba a aprobar por fin, que hasta se llevó la cámara para inmortalizar ese momento. Ahora, seis añitos después, no puedo más que alegrarme (¡quién me iba a decir que acabaría publicándola en mi blog de traducción!)
El presentimiento de mi madre se cumplió: lo había conseguido. Unos días después degusté aquel flamante APTA. A partir de entonces, compaginé el primer año de Traducción con tercero de Filología, pero al irme de Erasmus en tercero (y, por qué no decirlo, al ver qué era lo que realmente me llenaba), acabé por abandonar Filología después de 3 años de estudiarla. Y no me importó porque había conseguido mi objetivo inicial, aquel que nunca perdí de vista.

De esta experiencia saco varias conclusiones:
  1. Si quieres algo, ve a por ello, independientemente de lo que te quieran convencer los demás ("es muy difícil", "no tienes posibilidades", "solo unos pocos lo consiguen"...). A no ser que cambien tus prioridades, ten siempre presente por qué estás donde estás en cada momento. No pierdas de vista tu objetivo último.
  2. Ten siempre un plan B (...mientras consigues el objetivo A). Si algo no sale como (o cuando) esperas, aprovecha para hacer otras cosas útiles relacionadas con el fin último mientras luchas por tu meta. Nada cae en saco roto y mucho menos si se trata de estudios.
  3. Cuando algo se te pone difícil, tienes dos opciones, rendirte ("no valgo") o crecerte (¿Ah, sí...?").
Gracias a no haber entrado ni a la primera ni a la segunda, cuando llegó la tercera y vencida, "devoré" la carrera y todo lo relacionado con la traducción. Es más, quizá si las cosas hubieran ocurrido de otra forma, hoy no estaría escribiendo en este blog (por si no lo sabíais, Traducir&Co nació con la idea de ofrecer información sobre la prueba de acceso porque, en 2007, cuando yo lo intenté, apenas encontré datos; solo en Forotraducción, mi primer contacto con el mundillo. ¡Recuerdo hablar por el MSN con Eugenia ya en 2007...!). Al hacer las pruebas año tras año, salía del examen acordándome del título de los textos y, al llegar a casa, los buscaba y los guardaba. En tercero, los recopilé y los subí al blog en la que ha sido durante mucho tiempo la entrada más visitada del blog, con más de 18 500 visitas (ahora desbancada por "El currículum del recién licenciado").

Como os habréis dado cuenta, esta entrada se llama "Mi odisea hasta llegar a ser traductora".
"Odisea" en el buen sentido de la palabra ;)
Sin embargo, en ella solo he hablado del camino recorrido hasta entrar en la carrera (que no es sino el principio, en realidad). La razón es que yo me he sentido traductora desde el día en que me decidí por esta rama y, aunque hasta conseguirlo haya tenido que enfrentarme a obstáculos difíciles de sortear desde el punto de vista emocional/motivacional, la espera y la lucha han merecido la pena.


5 comentarios:

  1. Una entrada muy interesante Merche. Totalmente de acuerdo, se ha de ser perseverante y no desanimarte nunca. Ya estudies traducción o cualquier otra carrera, en ocasiones no todo ocurre como a uno le gustaría, pero si realmente te gusta... tienes que ir a por ello.
    Muchas gracias y saludos.

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    1. ¡Gracias! Hay tiempo para desanimarse... si luego te recuperas :))
      Hay que saber sortear los obstáculos.
      ¡Saludos!

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  2. Merche, eres un ejemplo de perseverancia para todos los jóvenes españoles desmotivados cuya máxima ambición es trabajar como tronistas. Me he sentido identificada con tu entrada. Mi "carrera" empezó hace casi veinte años. Pasé por la universidad en Londres, en Argentina y a mis casi cuarenta tacos, y dentro de unos cuantos créditos, por fin seré traductora egresada de la UAB, en Barcelona. Así que, candidatos a la prueba de acceso, nunca abandonéis vuestros sueños, no os comparéis con nadie, estudiad mucho e idos a la cama escuchando "no pain, no gain" de Skorpions ;-) .

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    1. ¡Gracias, Corina!
      Vaya recorrido, ¡enhorabuena a ti también!

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  3. Hola Merche! soy de Chile y traductora.
    Quería preguntarte si sabes de estudios posteriores, cursos o algún diplomado que se pueda hacer ya siendo traductora.
    Sé que en España hay muy buenas escuelas de Traducción.

    Muy buen blog! Saludos chilenos :)

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