jueves, 6 de agosto de 2015

Una ventana a la traducueva

Que el nuestro es un trabajo solitario en el que las horas vuelan ya lo sabemos, pero es una realidad de la que fui mucho más consciente tras visitar una interesante exposición en el museo de Múnich Pinakothek der Moderne. Tras las puertas de este museo se escondían un cúmulo de sensaciones y pensamientos que, meses después del viaje, he decidido plasmar en esta entrada, bastante diferente a las que suelo escribir. 

Una de las exposiciones temporales que albergaba (no recuerdo el nombre), mostraba un muro donde se habían incrustado varias pantallas que reflejaban con una cámara subjetiva el día a día en distintas profesiones: 24 horas en la vida de un cocinero, un orfebre, un carpintero, un (trabajo de oficina que yo interpreté como traductor), un ascensorista y una madre.

Abajo a la izquierda, el "traductor"

Me quedé un buen rato mirando y escuchando las pantallas. Casi todas reflejaban un ritmo frenético, sobre todo las del cocinero y la madre. No me hizo falta mucho tiempo para percatarme de lo estática que era la pantalla del "traductor": el único movimiento que se veía eran los cambios de pantalla y los dedos tecleando. A su alrededor, silencio. Solo las teclas de su "piano"

Solo entonces, con ese contraste tan obvio respecto a las demás profesiones, me di realmente cuenta de lo peligrosamente acostumbrados que estamos a pasarnos horas y horas inmersos en un silencioso océano de herramientas y recursos que solo están en movimiento en nuestra mente. Nos pasamos la vida, literalmente, sentados frente a una pantalla en un estado traduhipnótico que a menudo nos impide dedicar tiempo a estirar el cuerpo y la mente.

Todos hemos leído hasta la saciedad aquello de la ergonomía del traductor y que debemos hacer ejercicio aunque no tengamos tiempo, pero a veces olvidamos que no es una opción, sino un deber que hemos de cumplir por el bien de nuestro cuerpo y nuestra mente. Hace unos días compartió Lourdes Yagüe en Hello Translator este vídeo donde se habla de las consecuencias de no levantarse un poco de la silla de vez en cuando. Y en este otro (que me encantó), se explican de forma interactiva los malos hábitos posturales y cómo arreglarlos. 

Sin embargo, rara vez reparamos en que la parte mental, lo que comúnmente se llama "desconectar", es igual de importante. Muchas veces uno prefiere seguir trabajando "porque así le da un tironcillo más a la traducción" o, sencillamente, porque le parece perder el tiempo todo lo que implique levantarse de la silla. Sin embargo, llega un peligroso punto en que lo encuentra prescindible y, si no presenta molestias físicas (con suerte), piensa que ni siquiera le hace falta. Pero no es cierto.

No sé para vosotros, pero para mí este verano está siendo especialmente duro, en buena parte por los cuarentaitantos que alcanzamos diariamente en julio y también por algunos problemas físicos que me están haciendo reflexionar sobre la importancia de cuidarnos más, saber priorizar y reparar en lo vulnerables que somos, tanto física como mentalmente, cuando nos dejamos absorber por el trabajo. 

En el museo hubo otra exposición que dio el adiós definitivo a mi paz mental: la de las hermanas Brown, que se hicieron una foto anual durante cuarenta años y ahora exponen el resultado por todo el mundo. Ver el paso del tiempo reflejado en sus vidas, sumado a la sedentaria y solitaria sensación que me había quedado en el cuerpo tras ver el muro de las profesiones, ha dado como fruto esta entrada que no tiene otro objetivo que la autorreflexión.

Brown sisters

Como remate, en la tienda de recuerdos acabé encontrando una versión en papel de la maravillosa idea "Future me" que empecé a usar desde hace tres años. Se trata de una serie de sobres donde introducir unas cartas que escribes para ti mismo en el futuro y que solo te permitirás abrir cuando llegue la fecha que tú mismo plasmes en el sobre sellado...



Querida Merche...



1 comentario:

  1. Merche, es la primera vez que escribo en tu blog y debo decir que este artículo me pareció EXCELENTE. La verdad me dejó pensando y ahora mismo me estoy replanteando y poniendo en acción para cambiar ciertos hábitos propios de nuestra profesión.
    Además, te cuento que todo me pareció muy interesante y estaría genial si pudieras escribir más sobre estos temas y otras experiencias traductoriles.
    ¡Un gran saludo desde Argentina!

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